Presente desde el siglo XVII en Japón, la cochinilla se dejó de importar cuando el país cerró sus fronteras, y se volvió a introducir en la segunda mitad del siglo XIX, para invadir los talleres de grabado, a partir de 1860, donde compite en intensidad con colorantes artificiales. Su presencia en los rojos de tantas estampas fascinó a los pintores europeos, los cuales empezaron a coleccionarlas. Van Gogh y su hermano compraron más de 350 estampas. La moda del japonismo tuvo un impacto considerable en la obra de Van Gogh.