Hace algunos años visité Oaxaca para realizar tomas fotográficas de los artesanos más conocidos del estado que serían incluidos en una publicación. Entre estos oficiantes me atrajo la gente dedicada a los textiles, tanto la que trabaja el teñido como el tejido; una vez terminada esta encomienda me dediqué a registrar el proceso de elaboración de los tres colores que desde la época prehispánica se realizan en esta entidad: el azul añil, el caracol púrpura y la grana cochinilla. El resultado de dicho recorrido fue muy gratificante, ya que fui testigo de oficios que están al borde de la extinción, y de la realización de prácticas ancestrales donde el conocimiento heredado se aplica de manera rústica pero certera, y donde las medidas, temperaturas y proporciones sumadas a la sabiduría dan como resultado un color único; sin duda un regalo para el goce visual humano.