La Iglesia también se sirvió de la cochinilla para hacer evidente su jerarquía y poder. El retrato del arzobispo Fernando de Valdés y Llano fue pintado probablemente a título póstumo. El Arzobispo, vestido de negro, está sentado delante de una suntuosa cortina pintada con cochinilla. Esta obra puede verse como una transición entre la pintura religiosa y la pintura civil, ya que este personaje poderoso acumuló funciones eclesiásticas y políticas cuando fue nombrado arzobispo de Granada y Presidente del Consejo de Castilla.