En el siglo XIX se presenta un cambio de postura ante el uso de la grana cochinilla en la sociedad
europea. De una actitud de fascinación y de respeto, pasó a una visión crítica de la cochinilla
relacionada con la ostentación de la riqueza. El uso de la cochinilla se diversificó y fue utilizada
cada vez menos como símbolo de poder. Además, aparecieron nuevos pigmentos sintéticos,
más estables, saturados y baratos, como la anilina, que sustituyó rápidamente a los pigmentos
naturales.

Fueron los artistas, en particular los impresionistas, neoimpresionistas y
posimpresionistas, los que, en virtud de su interés por explorar las propiedades de los colores,
siguieron usando la grana cochinilla gracias también a sus cualidades pictóricas.
Cabe destacar la presencia de la cochinilla en las estampas japonesas del siglo XIX, que
además de ser fuente de inspiración para este grupo de artistas, revela que el comercio de la
grana cochinilla se extendió por todo el mundo.