En este núcleo se presenta un panorama de los usos de la cochinilla en México en la época prehispánica y colonial a través de diversos soportes como papel, textil y mobiliario.

Este colorante natural mezclado con un sustrato se convirtió en un pigmento que fue utilizado mucho sobre soportes de papel. El ejemplo más antiguo que se ha conservado son los códices. Una investigación reciente confirmó la presencia de cochinilla en casi todos los códices prehispánicos elaborados en las regiones centrales y suroccidentales de Mesoamérica (excepto en los códices del área maya). Durante la Colonia, el uso de este pigmento se extendió a libros ilustrados, en particular a ejecutorias y libros de coro.

En el ámbito textil existe una tradición indígena mexicana en la que los artesanos han utilizado la cochinilla para la creación de sus obras, aplicando incluso técnicas antiguas y recetas originales. En el arte popular destacan los maques y las jícaras a las que fray Bernardino de Sahagún, y otros autores, se referían no sólo por su valor utilitario, sino también por sus decoraciones. El mobiliario constituye otro importante ejemplo. Desde el virreinato, los ebanistas michoacanos hicieron auténticas obras de arte con lacas de cochinilla.