Carlos Quizpez Asín | Alegoría a los labradores, 1928 | Universidad Nacional de Ingeniería, Lima

La imagen de la política

La política fue una clave central de la idea de vanguardia propuesta por Mariátegui desde las páginas de Amauta. En su primera fase, la revista mantuvo lazos con el programa antiimperialista de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), un frente internacional liderado por el exilado peruano Víctor Raúl Haya de la Torre. Tras la ruptura con el líder de la APRA en 1928, Amauta tomó posición como una revista socialista. Fue un elemento clave del proyecto político de Mariátegui, tan importante como los esfuerzos que puso en la promoción de sindicatos, en la publicación de Labor, un periódico quincenal orientado a los trabajadores, o el establecimiento del Partido Socialista del Perú, que ayudó a fundar. Pero Mariátegui no encontró contradicción entre las convicciones políticas y el pluralismo estético. Publicó en Amauta obras de artistas tan distantes entre sí como Agustín Lazo y Diego Rivera, Carlos Quizpez Asín y José Sabogal, Adolfo Bellocq y Emilio Pettoruti. Cuando sus colegas cuestionaron la apertura de Amauta y exigieron que restringiera su línea editorial. Mariátegui comentó irónicamente sobre el “terror supersticioso e inquisitorial a toda idea más o menos alógena”, que conducía a algunas personas a imaginar “que una revista de doctrina y polémica debe expurgar su material”. “La demagogia es el peor enemigo de la revolución, lo mismo en la política que en la literatura”, sentenció Mariátegui en su discusión sobre el populismo, para afirmar que “sobre la mesa de trabajo del crítico revolucionario, independientemente de toda consideración jerárquica, un libro de Joyce será en todo instante un documento más valioso que el de cualquier neo-Zola”.

Mariátegui mantuvo una posición abierta sobre los términos en que era posible definir un “arte político”. El abanico de posibilidades fue amplio. Defendió el indigenismo por su aporte a la vindicación y visibilización de un grupo social relegado y oprimido, incluso cuando la pintura indigenista asumía sólo excepcionalmente un abierto tono de denuncia. También abrió las páginas de Amauta a las obras del grupo de pintores, escultores y grabadores argentinos que hoy se conocen como los “Artistas del pueblo”, por su compromiso político y por su cercanía a revistas como La Campana de Palo y Claridad, que estuvieron entre los principales foros de la izquierda en la Argentina de los años veinte. Pero es probable que la presencia de estos artistas en la revista se deba más a Sabogal que al propio Mariátegui, quien apoyó la experimentación formal y demostró escaso interés por las convenciones del realismo. “La muerte del viejo realismo”, escribió en 1926, “no ha perjudicado absolutamente el conocimiento de la realidad. Por el contrario, lo ha facilitado. Nos ha liberado de dogmas y de prejuicios que lo estrechaban”.

José Sabogal | El recluta, 1926 | Universidad Nacional de Ingeniería, Lima

La imagen de la política | Redes de vanguardia: Amauta y América Latina, 1926-1930