Museo del Palacio de Bellas Artes | MURALISMO





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El Palacio de Bellas Artes se inauguró oficialmente el 23 de septiembre de 1934 durante el mandato del presidente Abelardo L. Rodríguez. Dos meses después, el Museo de Artes Plásticas abrió sus puertas con el objetivo se reunir lo más sobresaliente del arte nacional. El nuevo museo mostró también lo que en ese momento era la máxima representación de la plástica nacional: el muralismo.


Los primeros en recibir la invitación para decorar los muros del Palacio de Bellas Artes fueron Diego Rivera y José Clemente Orozco, quienes trabajaron de forma simultánea y cuyos murales, realizados en los muros oriente y poniente del segundo piso respectivamente, fueron solicitados expresamente para la inauguración del recinto.


En 1944 se le extendió la invitación a David Alfaro Siqueiros. El artista pintaría un año después otros dos tableros, y en 1951, por encargo de Fernando Gamboa, entonces subdirector general del Instituto Nacional de Bellas Artes, agregaría un díptico más a esta tarea.


Rufino Tamayo se sumó con dos murales en 1952 y 1953. Once años después, en 1963, Jorge González Camarena realizó el último mural solicitado exprofeso para el Palacio de Bellas Artes. A partir de ese año, las autoridades culturales comenzaron a trasladar al museo otros murales como parte de un programa de conservación y preservación. Así llegaron los trabajos de los artistas Manuel Rodríguez Lozano, Roberto Montenegro y Diego Rivera, lo que amplió la colección del museo a 17 obras plásticas, convirtiendo hoy al Museo del Palacio de Bellas Artes en un referente clave del movimiento muralista mexicano.


El Palacio de Bellas Artes se inauguró oficialmente el 23 de septiembre de 1934 durante el mandato del presidente Abelardo L. Rodríguez. Dos meses después, el Museo de Artes Plásticas abrió sus puertas con el objetivo se reunir lo más sobresaliente del arte nacional. El nuevo museo mostró también lo que en ese momento era la máxima representación de la plástica nacional: el muralismo.


Los primeros en recibir la invitación para decorar los muros del Palacio de Bellas Artes fueron Diego Rivera y José Clemente Orozco, quienes trabajaron de forma simultánea y cuyos murales, realizados en los muros oriente y poniente del segundo piso respectivamente, fueron solicitados expresamente para la inauguración del recinto.


En 1944 se le extendió la invitación a David Alfaro Siqueiros. El artista pintaría un año después otros dos tableros, y en 1951, por encargo de Fernando Gamboa, entonces subdirector general del Instituto Nacional de Bellas Artes, agregaría un díptico más a esta tarea.


Rufino Tamayo se sumó con dos murales en 1952 y 1953. Once años después, en 1963, Jorge González Camarena realizó el último mural solicitado exprofeso para el Palacio de Bellas Artes. A partir de ese año, las autoridades culturales comenzaron a trasladar al museo otros murales como parte de un programa de conservación y preservación. Así llegaron los trabajos de los artistas Manuel Rodríguez Lozano, Roberto Montenegro y Diego Rivera, lo que amplió la colección del museo a 17 obras plásticas, convirtiendo hoy al Museo del Palacio de Bellas Artes en un referente clave del movimiento muralista mexicano.