El hombre controlador del universo.

En 1933 Diego Rivera comenzó a pintar un mural para el Centro Rockefeller de Nueva York. La obra, inconclusa, fue destruida pues Rivera introdujo un retrato del líder comunista Vladimir Lenin, un hecho que despertó el rechazo de la familia Rockefeller. Diego Rivera retomó muchos de los motivos que estaban presentes en este mural cuando recibió el encargo de decorar uno de los muros del segundo piso del Palacio de Bellas Artes. Trabajó en él entre enero y noviembre de 1934. El mural tiene un contenido abiertamente político. El obrero aparece como el eje central a partir del cual la imagen se divide en dos. La sección izquierda se configura como una crítica al mundo capitalista, caracterizado por la lucha de clases y corrompido por la represión y la guerra. La presencia de Darwin –una referencia al desarrollo de la ciencia y la tecnología– contrasta con el avance de los soldados de la Primera Guerra Mundial. La escultura grecolatina representa la religión y el pensamiento occidental, mientras que su contraparte, en el extremo opuesto, la caída del fascismo. La sección derecha presenta una visión idealizada del mundo socialista: los trabajadores se manifiestan pacíficamente en la Plaza Roja. Lenin encabeza la unión de la clase obrera. Marx, Engels, Trotsky y Bertram D. Wolfe hacen un llamado a la cohesión del proletariado mundial. Los elipses que irradian de la máquina encarnan el macrocosmos y el microcosmos. La órbita superior izquierda contiene células enfermas, símbolo de la decadencia del mundo capitalista; las que aparecen en el extremo opuesto, el mundo socialista, están sanas y aluden al génesis de la vida.