Muerte y bestiario

Chucho Reyes se introdujo en la tradición pictórica del tema de la muerte a partir del arte decimonónico, de las expresiones populares y de José Guadalupe Posada. Lo asimiló a través de una amplísima serie de figuras de calaveras, de cráneos adornados con flores de colorido contrastante y en las figuras de los monjes que cargan un cráneo entre sus manos.

Las calaveras floridas, estáticas o arqueadas, no son de crítica social, sino de actitudes más bien graciosas y manifestaciones plásticas populares de México. En su producción de papel, cartón y madera se encuentran múltiples figuras de medio o entero esqueleto, contraídas, serenas, irónicas, con moños decorativos, que refieren al ejercicio técnico-cromático y al impulso del momento.

En otro sentido, su amplio e imaginario bestiario, su universo plástico conformado de gallos, caballos, serpientes, tigres, leones, peces, aves, y otras figuras en general de espectáculo (palenque, circo o feria) son de un colorido desbordante, las cuales denotan la influencia de la artesanía tradicional del juguete mexicano.

Acostumbrado a pintar a la luz del día en su casa-taller de la Ciudad de México, la emoción plástica de Reyes Ferreira lo llevó a la ejecución de formas de gallos de vigorosa pincelada que constituyen una parte significativa de su ejercicio cotidiano. En cambio, varían muy poco los cuantiosos caballos embarrados de pintura, intencionalmente deformados, de todas las gamas cromáticas sobre el papel de china.