Lo místico y lo profano

La sensibilidad religiosa de Reyes Ferreira se aprecia en retratos de monjes y santos, en Adán y Eva, en las figuras lanzadas del paraíso, en el arcángel de luciente espada, en los querubines, ángeles y demonios grotescos; en las figuras sangrantes y coloridas de Cristo. Este mismo fervor se aprecia en sus altares de Dolores –o incendios, como él los llamaba–, arreglados como una especie de ofrenda con los objetos de su colección.

Al igual que otros artistas –entre ellos, Roberto Montenegro– Reyes Ferreira tiene en su repertorio figuras de Cristos sangrantes y Vírgenes con Cristo como las que admira en los recintos de las iglesias y en la expresión del arte popular. Es posible establecer un vínculo entre los ángeles y arcángeles, de formas primitivas o sencillas con las figuras que acompañan a los Cristos en los retablos anónimos y en las pinturas sobre láminas novohispanas y del siglo XIX. En cambio, los incesantes retratos funerarios infantiles que elabora provienen de una tradición plástica decimonónica. En efecto, el artista advirtió del arte popular jalisciense del siglo XIX, en particular de los retratos anónimos en tela, los retratos realistas de niños vivos y muertos. Sus múltiples figuras de niñas dormidas o fenecidas son trasladadas a sus papeles de china, a los que solía añadir listones decorativos, resueltas de una manera sencilla y expresiva.

A la par de estas composiciones se encuentran sus muñecas-prostitutas, niñas-ángeles, carentes de inocencia, y una serie de escenas eróticas que revelan tanto la soltura del trazo como la coexistencia entre lo profano y lo místico que caracteriza gran parte de su obra.