Octubre,1927 (detalle)
Artista desconocido
Biblioteca Nacional Rusa, San Petersburgo

Las primeras tres décadas del siglo XX fueron el escenario en el que nacieron y tuvieron su mayor impulso las vanguardias artísticas europeas. La gesta vanguardista estuvo dirigida a crear un arte que desplazara los viejos valores clasicistas que dominaban la vida de las academias y la inercia prevaleciente en el gusto público.

El concepto vanguardia proviene del término militar que designa la avanzada de un ejército para abrirse paso. En el caso ruso-soviético, la vanguardia albergó diferentes corrientes artísticas, casi todas sustentadas en manifiestos, planteamientos teóricos y debates que promovieron al arte como un detonador clave para transformar el mundo. Esta vertiente se distinguió del resto de los movimientos vanguardistas europeos debido a que, a partir del triunfo de la revolución de 1917, ejerció sus propuestas desde el interior de un régimen político revolucionario.

Lejos de la homogeneidad, la producción artística de la vanguardia rusa es profundamente diversa y se extiende a numerosas disciplinas que van de la pintura a la arquitectura, del diseño gráfico al cine, pasando por la música, las artes escénicas y la fotografía. Los protagonistas de este episodio de la historia del arte son productores de algunas de las más importantes mutaciones plásticas que atravesaron un extenso segmento de la realidad que va del espacio público hasta el ámbito doméstico, las que son reconocidas en la actualidad como referentes fundamentales para el conocimiento y el despliegue del arte contemporáneo.

La clave de las vanguardias rusas estriba en superar la obra de arte distanciada en pro de un arte implicado con la tecnología y con la revolución en curso, sin caer en el dominio de la razón instrumental ni en los dogmas de los políticos de oficio. Por ejemplo, la fotografía y el cine, en tanto artes que forman parte del sistema de la reproductibilidad técnica, son la mejor muestra de que la tecnología puede desmarcarse del determinismo productivista y servir a fines lúdico-libertarios.

La exposición Vanguardia rusa. El vértigo del futuro contiene más de quinientas obras representativas de los movimientos que conformaron el pensamiento artístico de una época a la que hoy día nadie puede ser ajeno. Las obras que presenta esta muestra provienen de 32 museos y colecciones de la Federación Rusa, Francia e Inglaterra, y fueron realizadas en su mayor parte entre 1911 y 1934, un período intenso en el que primero se fragua y luego se consolida, con distintos efectos, la Revolución de Octubre.

Dentro del arco temporal que consigna esta exposición, surgen en la Unión Soviética circunstancias que polarizan el desarrollo del arte y la libertad de expresión. Las transformaciones y las propuestas que la agitación artística de la vanguardia había promovido fueron sometidas y reducidas al silencio, dibujando una de las etapas más sombrías del siglo XX. Su recuperación histórica ha sido una de las empresas más relevantes de las últimas décadas.

Los militantes futuristas de la vanguardia que declararon la guerra a los museos, hoy están en los museos. La paradoja es inevitable. El espíritu vanguardista experimenta la hospitalidad de un museo mexicano. Sea como experiencia estética o testimonio histórico, Vanguardia rusa. El vértigo del futuro demuestra que tal vez el arte de la vanguardia sea más ubicuo y contemporáneo de lo que algunos de sus propios autores imaginaron.