Vladímir Lebedev

V. Lebedev jamás ha sido un ilustrador o decorador; junto al escritor, debe ser justamente considerado el autor de los libros por la maestría y sutileza de mirada que pone en cada uno de sus dibujos.

Samuel Marshak

1. Primeros años

Vladímir Lebedev nació en San Petersburgo en 1891. Durante su juventud cursó estudios de pintura en la Academia Imperial de Artes en su ciudad natal. A partir de 1911 comenzó a colaborar para revistas satíricas como Satirikon y Novi Satirikon. De manera paralela inició una larga y prolífica carrera en la literatura infantil; notablemente en la Revista azul y la Revista para todos, y como ilustrador de los libros El león y el toro de Stepan Kondurushkin (1918), La nariz de Nikolái Gogol (1919), El circo (1924), y Cuentos de Hadas, canciones y adivinanzas (1934), del traductor de Shakespeare y escritor infantil judío, Samuel Marshak. A mediados de 1914 se convirtió en un miembro regular del círculo en torno a Lev Bruni, donde entró en contacto con críticos y poetas como Nathan Altman, Ósip Mandelstam y Arthur-Vincent Lourié.

Después de la caída del imperio zarista, en 1918 participó en las representaciones con motivo del primer aniversario de la Revolución de Octubre, en San Petersburgo y formó parte de la planta original del VKhUTEIN de la entonces Petogrado donde enseñó de 1918 a 1921.

2. Madurez

En 1918 fue nombrado subdirector del departamento de arte y propaganda de la ROSTA (Agencia de Telégrafos), donde tuvo ocasión de elaborar más de un centenar de diseños y trabó amistad con algunos miembros de la élite de la vanguardia rusa como Vladímir Tatlin y Vladímir Maiakovski. En 1922, el editor Nikolái Punin publicó una parte del trabajo de Lebedev en el volumen Carteles rusos 1917-1922 (Cortador de acero, 1920; Alianza entre obrero y campesino, 1921). El álbum contenía 33 litografías a color que reproducían una selección de los carteles de Lebedev para ROSTA y que, según Punin: “es de tal calidad su brillo que la mirada adquiere la impresión de que aquellas coloridas manchas están en movimiento, en simple y caótico movimiento”.

3. Muerte y legado

A pesar del éxito de algunos de sus carteles, durante la década de 1930 su arte será juzgado demasiado complejo para alcanzar al público natural de la revolución. Aunque continuó trabajando para la editorial estatal rusa de Leningrado, e incluso, habría de contribuir con carteles propagandísticos en la segunda guerra mundial contra la Alemania nazi, Lebedev fue blanco de duras críticas provenientes del periódico oficialista Pravda que lo obligó a abandonar la veta humorística y experimental de su trabajo. Murió en San Petersburgo en 1967.

Citas de: Misler, Nicoletta, “A Public Art: Caricatures and Posters of Vladimir Lebedev”, The Journal of Decorative and Propaganda Arts, vol. 5, Russian/Soviet Theme Issue (verano de 1987), pp. 60-75.