CINE Y MÚSICA | Sala Internacional (primer piso)

El arte postula comunión, y el artista tiene el deber de compartir la alegría y el gozo que él mismo experimenta.

Ígor Stravinski

El cine surgió a finales del siglo XIX a la manera de un producto del mercado, como mera diversión popular, sin una vocación artística precisa. En sus inicios y durante las primeras décadas del siglo XX, con frecuencia estuvo dirigido a un público de cultura incipiente y escasa alfabetización. Justamente esa condición le permitió ligarse a la condición excéntrica de la vanguardia, en la medida en que ésta tenía una predilección por los espectáculos y la cultura popular, como contrapesos de la tradición conservadora de las bellas artes. El maquinismo futurista y constructivista vieron en el cine la consumación de su lucha por alcanzar un arte dinámico sin el sello aurático del pasado. De ese modo, la cinematografía se concibió como un arte de servicio, de exposición pública y no de la alta cultura; un territorio de obras múltiples, con vertientes lúdicas y trágicas, abiertas a la interpretación y a la tecnociencia.

A partir de los años veinte, el cinematógrafo se diversificó y contó con dispositivos técnicos y sociales que convocaron a un público capaz de disfrutar obras que iban más allá del espectáculo. La Unión Soviética, especialmente Moscú, se convirtió en el centro de mayor experimentación en lo correspondiente a la producción de cine, representando la mayor apuesta por un arte de vanguardia que respaldaba un Estado revolucionario, orientado a la propaganda política, a la educación y al ensayo formal. El periodo de la vanguardia cinematográfica, como sucede con otras disciplinas, es sumamente breve, plegándose paulatinamente a las mismas restricciones políticas impuestas a otras áreas de la creación. Esta sección da cabida a breves ediciones museográficas que ilustran obras y corrientes representativas de las distintas vertientes del cine vanguardista ruso-soviético, como son entre las animaciones pedagógicas o de persuasión política, las experimentaciones futuristas de Dziga Vertov, las atmósferas líricas de Vsévolod Pudovkin y los deslumbrantes montajes realizados por Serguéi Eisenstein.