La fabricación del héroe de la nación

Con el triunfo de la Revolución en 1921, Zapata fue convertido en el rostro campesino de un proyecto de regeneración nacional que buscó conciliar a las facciones políticas y sociales del país. Zapata pasó de ser un culto regional en Morelos a uno de alcance nacional. Sin embargo, esta elevación fue compleja y no falta de contradicciones. Los presidentes Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, que en vida consideraron a Zapata un bandolero y forajido, utilizaron el legado suriano a su favor. En 1931 el nombre del Caudillo del Sur fue grabado en letras de oro en el Congreso de la Unión, junto al de su posible asesino intelectual Venustiano Carranza.  

 

Esta transformación en héroe patrio no puede entenderse sin el papel crucial que artistas y escritores tuvieron en conformar a Zapata como mártir agrario, símbolo de demandas populares y emblema del mestizaje y la cultura india. En su nombre se gestaron murales, poemas, carteles y libros de texto que fungieron como imágenes oficiales y propaganda política a través de la cual se administró el orden social hasta 1940. Como ícono de “mexicanidad” e ideales revolucionarios, el zapatismo fue también un tema muy socorrido en las obras de arte destinadas al mercado internacional. 

La fabricación del héroe de la nación | Emiliano. Zapata después de Zapata

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