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Instituto Nacional de Bellas Artes MUSEO DEL PALACIO DE BELLAS ARTES museos
COLECCIÓN | Rufino Tamayo

Rufino Tamayo (1896-1974)

Originario de Oaxaca, ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes a los 18 años. Fue jefe del departamento de Dibujo Etnográfico del Museo Nacional de Arqueología, en donde cultivó su interés por el arte precolombino. Durante algunos años residió en Nueva York, y a su regreso a México fue nombrado director del Departamento de Artes Plásticas de la Secretaría de Educación Pública. Realizó dos murales para el Palacio de Bellas Artes (1952-1953) a su regreso de Estados Unidos y Europa. En contraste con el realismo social de otros muralistas, la obra de Tamayo se constituye como un leguaje poético logrado a través de ritmos y destellos de color. Para él, la pintura debía buscar expresar la complejidad de la raza mexicana, no a través de apariencias y narraciones nacionalistas sino indagando en la esencia de las formas, colores y proporciones.

MURALES EN EL PALACIO

 

Nacimiento de nuestra nacionalidad.

Aborda el tema de la Conquista como un encuentro de dos mundos que, tras la muerte y la destrucción, hacen surgir una nueva realidad. En la parte superior destaca la figura del conquistador sobre su caballo. En el extremo derecho se levantan ruinas de edificios prehispánicos, y en el izquierdo una columna dórica simboliza la cultura occidental. Debajo de ésta se desliza una serpiente que alude a Quetzalcóatl como divinidad creadora. La unión de estas dos realidades se concreta en la parte inferior del mural, donde una mujer indígena da a luz a un bebé a la vez blanco y moreno, una imagen que remite al mestizaje. En el ángulo superior izquierdo, un eclipse representa la unión de los contrarios.

México de hoy.

México de hoy. Tamayo consideraba que el desarrollo de un pueblo sólo podía darse mediante la ciencia, el arte y la técnica. Tomó ventaja de las dos columnas del edificio del Palacio de Bellas Artes que se levantan frente a la obra para dividir el mural en tres secciones de tonalidades verdes, blancas y rojas. Al centro, un edificio que fusiona elementos arquitectónicos europeos y prehispánicos enmarca a un personaje envuelto en llamas, símbolo del fuego inextinguible del espíritu mexicano que ha tenido que asimilar los conocimientos y la tecnología universal, sin olvidar la riqueza de su pasado. A su alrededor se muestran herramientas y aparatos propios de la era industrial. En el extremo izquierdo, una mujer desnuda y enmascarada, diosa de la fertilidad, esparce semillas que, suponemos, deberán fecundar en una tierra muchas veces árida. Con respecto a los colores, personajes principales en la pintura de Tamayo, el crítico de arte Paul Westheim escribió: cada panel “tiene su propio colorido, muy diferente al de los otros. Un rojo llamativo, de un lado, un verde reluciente del otro, flanquean la superficie central. Para esta parte de su obra, en donde nos habla de la poesía, Tamayo ha escogido los colores más delicados de su paleta: un rosa tenue, un blanco grisáceo, un gris azulenco”.

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Av. Juárez y Eje Central s/n, Centro Histórico, ciudad de México.
Horario: martes a domingo de 10 a 17: 30 hrs.
Entrada 43 pesos, entrada libre con credencial de estudiante, maestro e INAPAM.
Domingo: entrada libre
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